El sueño de Montse siempre había sido volar, y lo hacía a través del salto de trampolín. A sus 49 años, su hijo la llevó a saltar en paracaídas y ahí Montse cumplió de verdad su sueño.
Tras la muerte de su hijo, Montse siguió saltando y se enamoró para siempre de este deporte, tanto que llegó a realizar casi 1000 saltos, toda una hazaña sin precedentes en una mujer de su edad.